
© Carlos Saavedra
¿Quién soy? Es una pregunta que debería ser muy fácil de responder. Soy Gabriel; soy estudiante de filosofía; soy mitad colombiano, mitad gringo; soy escritor, soy músico; soy hijo, soy hermano grande…¿o no?
No.
No soy nada de eso. No soy lo que la gente cree de mí, no soy lo que yo creo de mí. Ni siquiera sé muy bien qué es eso que yo creo sobre mí. Me estoy dando cuenta que no tengo ni idea quién soy, y ni siquiera sé cómo empezar a responder esa pregunta. Me he definido toda la vida a través de mis problemas o mis relaciones con otros, pero esas cosas no son lo que yo soy. Sin embargo, he llegado al punto de identificarme 100% con una relación. Pero ahora, que la perdí, me siento yo también perdido. Inestable, impredecible—un enigma para mí mismo. ¿Qué realmente quiero? ¿Qué realmente busco? ¿Qué necesito? Estas son preguntas que no estoy acostumbrado a preguntarme. Pero ya sé que las respuestas no las voy a encontrar en mis relaciones con otros, sino en mi relación conmigo mismo. Yo solía ser como una piedra: sólida, predecible. Y estancada. Ahora soy una pluma: ligera, a la deriva, flotando por aquí y por allá; libre. Libre. ¡Libre! Así se siente la libertad. Y me fascina.